El vértigo y la calma
Corro
Sostengo
Corro
Suelto
Sí. Lo siento. Olvidé nuevamente que no es bueno tanto apuro, porque de todos modos los problemas de la urgencia vienen caminando con precisión quirúrgica cuando yo salgo corriendo y le dejo la puerta abierta.
Sé que mis piernas también fueron leales, a mí.
Por eso viste la luz entrecortarse y fragmentarse a la medida de mis corridas en la escalera.
Como un pique elástico, que los demás no entendieron.
De hecho siempre me extrañó la gente que no da un paso al costado para no estorbar la velocidad ajena.
Gracias a Dios, el agua acá con pereza adentro, y cuanto más lento se carga el mate, disfruto del sonido de la espuma trepando la hierba, hinchándose, acomodándose en la subida. Vaya la parsimonia única y exquisita del mate. El dejo de anís en la base de la garganta me dice: esto sabe bien por todos lados, no es tarde ni temprano.
La fragilidad del olvido
Bueno, pero allá la cosa tenía otro matiz, y la bandeja en mis manos avisaba que me olvido costaría un precio.
A ver, ¡a cualquiera le puede pasar un olvido!
Me demoré en volver a ellos y quedaron apilados porque se evaporó el agua. Así que tomé mi responsabilidad desmadrada con ambas manos. Era un cajoncito chato de plástico negro, en su interior estaban las pruebas por contraste.
Lo que alguna vez fue alga de un verde furiosamente intenso, ahora no decía nada, como una costra terrosa que no promete nada.
Dell moco brillante quedó apenas una piel finita, apagada, macerada por una espera que perdió su paciencia.
Los peces más pequeños todavía temblaban sobre todo el rojo de cola corta de arriba y un mini pulpo. Vaya que se me desagradan los pulpos, pero yo estaba conmovida y solidarizada con su instinto, ¡con qué fuerza que prendía y succionaba el resabio del alga!
De fondo, me pareció que la voz del hijo de Rober me llamaba, me buscaba.
Pero, ¿Cómo no iba a correr? En ese punto ¿Dónde estaba lo importante?
Lo se, el tiempo no falta ni sobra, uno lo usa y punto.
Toma decisiones y punto.
Como acá, que hice caso a la orden grabada de encontrar agua.
Y ahí empezó la correría mas literal, porque el apuro ya estaba de antes, por eso justamente el olvido.
Cómo decía, la urgencia entra y acomoda todas sus cartas, ocupa toda la mesa sin malas intenciones, cuándo olvido cerrar la puerta.
Y mientras yo buscaba el agua sucedían otras cosas propias de casi cualquier urgencia.
La encontré finalmente, pero el agua del baño no era la adecuada, y el resto se desentendía de mi ritmo.
No recuerdo haber derramado agua sobre ellos, pero tal vez lo hice porque vi como el agua subió y barrió la carne del tentáculo agarrado al borde y reveló la lesión. Boyaron algunos ventosas y pelitos muy diminutos en el agua limpia.
Sin embargo, yo supe de cada gramo de de esa mínima existencia porque era proporcional magnificado a mi estupor.
Entonces escuché mi pensamiento:
- si tal vez no te habrías agarrado tan fuerte pulpito…
El viento, el médico chino y la reconexión con la esencia
Bueno, no es nuevo, me doy cuenta que escucho mucho; a mis pensamientos, a lo que permanece cerca, a lo que pasa.
Como el viento de esta mañana que abraza todas las paredes de mi casa.
Me gusta escuchar mis pensamientos más que nunca en estas condiciones, porque queda de manifiesto que no hay apuro escondido. Yo llevo apenas medias y un pijama ligero, sin embargo, mi piel y mi mate no corren peligro en este lunes de Agosto con sudestada en Buenos Aires.
Me encanta escucharlo, con respeto, sobre todo, desde que ese médico chino me dijo que mi esencia en gran parte es el.
Entonces me miró con compasión, y entiendo, porqué el moco de mis peces estaba seco;
y mis piernas siempre podrán pasar de lo sereno al vértigo en tu pestañeo.
Lo sé, y aún así, cuando el olvido se cuela con lo que suelto, es ahí donde pesa distinto. Y lo siento.