Describe a la perfección el abismo entre observar la naturaleza pura —capaz de moverse con una gracia inalcanzable— y la limitación del observador.
¿Qué ocurre cuando la sensibilidad estética y la compasión utilizan el mismo órgano? Un viaje onírico sobre el límite de la eficacia, la vulnerabilidad de dos gorriones en un cajón y el arte de retratar el sufrimiento sin perder la belleza.