De pájaros y plumitas azules
Todo empieza con una decisión de no entrar y termina con una imposibilidad de seguir de largo.
Soñé que caminaba por una vereda, acompañada por Robert, pero por alguna razón, quizás el espacio, alguna diferencia o sencillamente como en la vida de ojos abiertos hay un tramo compartido y de pronto la conciencia toma su propio ritmo… tomé distancia por delante, a mi izquierda vi una puerta abierta, con una generosidad imparcial, la fachada de refilón me pareció sólida y prolija.
… había gente reunida adentro, no hubo invitación literal pero la suposición en el aire decía que yo debía quedarme en esa reunión amena y familiar.
Mi tranco dudó,
miró, siguió.
¿Sostenía acaso algo viejo, aprendido de evitar la gente? Estaba de malhumor? Estaba triste? Son preguntas que me hago.
Rober entró a ese lugar y mi paso sin apuro encontró apenas unos metros más adelante un episodio. Las tablas tapaban bastante el panorama, lo cual me indica que estaban a mi altura, y sin embargo yo iba por dentro de un rulo conocido, imposible de evitar, mi atención entraba directo al contenido del cajón, a la escena de dos gorriones aleteando.