Mi cuero y el médico

 

Finalmente, amaneció y me quedé conversando con vos de bueyes perdidos … hasta creo que le pusimos nombre a cada uno y trazamos la corva de implicancia cósmica de cada pérdida.

La idea había sido contarte un sueño cuando todavía era de noche, mientras disfrutaba de mi té en ese amanecer remolón.

Fue una conversación sentida, pero ahora;

antes de qué comiencen los ruidos en la casa,

ahora que ya amaneció,

ahora que estoy respirando,

ahora que colgué néctar a los colibríes mientras la brisa del veranillo de San Juan me acaricia la cara,

ahora, antes de olvidarme:

 

Yo cruzaba por el centro un salón de palacete muy DE COTIIS. Nadie interrumpió mi camino, como si las personas estuviesen orilladas en esa reunión de gala, cada cual en lo suyo, yo en lo mío.

Fui directo a una persona, de esas que cualquiera podría admirar instintivamente! Porque el peso de su tiempo no lo vence sino que le permite florecer en una adultez estoica.

Desconfío que me sentía en diferencia de postura, a juzgar por la forma en que me presenté:

-Nos cruzamos en un evento en donde el Dr. Lacost, amigo de mi esposo nos presentó.

En ese parpadeo me pareció que su vaso se asfixiaba adentro de su mano. Mientras meneó un aspamentoso gesto que no borraba lo que ya dije, resonó su;

-Si viene por esa vía no es la mejor, pero por ser usted la voy a escuchar.

Así que mi ensayada reverencia rebotó pelota en travesaño pero no bastó para torcer el rumbo de las cosas que se sugerían.

Yo quería que me examinara el cuero cabelludo y fui muy concreta con el pedido.

Sus dedos se metían entre mi pelo, la misma maraña de todos los días apenas más Luxury.

Tocaba,

Rascaba,

Hurgaba,

Lejos de alguna incomodidad yo sentía la familiaridad de la mano propia.

Lo importante fue que despegó de mi cuero una vaina azul, medio amorfa, con una textura áspera evidente, del tamaño de la uña del dedo chico.

Enseñó esa cosa arrancada con la contundencia de quien fundamenta la prueba:

Esto dolor viejo!

Bueno para ser honesta… No recuerdo exactamente las palabras.

Porque mi vista acaparó la escena como si hubiese caído adentro de un microscopio. Esa especie de capuchón de silicona ocupaba frame completo así que el oído apenas reprodujo un Eco. Quedó la comprensión, que nunca es literal.

 

 

En el segundo cuadro lo vi sentado, no puedo afirmar que fuese el mismo cóctel palaciego, pudo haberlo sido, pero con mas luz que ponía un contrapunto distinto.

Ya no era la forma de su rostro por encima de mi barbilla.

Ahora era la perspectiva de sus hombros debajo de ese traje azul noche, sus canas apoyadas en la seda blanca de su cuello.

Levantó hacia mí su cara para redondear, cosa que evidentemente yo no quería …es que:

¿Cómo es posible?

Mi humanidad porosa necesitaba rellenarse escuchando una lectura más amplia.

Tímidamente dije;

¿Considerás que necesitás algún tipo de Laboratorio?

Su mano reforzó su “no hace falta más nada” .

Lo irrefutable tomó tal dimensión y presencia que ocupó la sala a sus anchas.

 

 

Lo excepcional del tercer paso fue el único plano de la mesa,

una porción de mesa,

amplia,

muy amplia y 3 rostros.

4 detalles,

plena certeza de lugar, sitio y contexto.

Podría decir que navegábamos una situación común, la conversación iba ejecutando su coreografía con nuestros movimientos y el mantel blanco, todavía tendido, trazaba un sentido.

Las 2 mujeres, enfrente y a la izquierda, evidentemente eran amigas, estaban juntas.

Vaya a saber por dónde vino rodando el carrete pero les comenté:

-La diferencia; es saber desde dónde querés comunicar eso que querés comunicar.

Entonces su atención se transformó y nos envolvimos en una conversación inesperadamente interesante que se selló con mi voz:

el soy artista visual sonó casi igual a una aguja que se clava en las 12.

Me encanta sentir fluir a la certeza con tan poco.

Como suele pasar justo antes de que se desarmen las cosas, uno ya se suelta como para reubicarse por gusto, así que me paré decidida a bordear la mesa pero también se esclareció la barrera de las piernas cruzadas del último tramo. Lo genial fue que antes que surgir del todo mi duda, los caballeros generaron un canal por el que yo podía pasar sin ser rozada ni siquiera en la femineidad que marcaba cada paso.

Me acomodé entre los 3 y en ese jazz de palabras no sentí preferencias de mi parte, pero, una de las chicas me tocó el brazo y fíjate que ya no es importante la pregunta o el comentario, sino el gesto. Tocarme el brazo con la amorosidad de querer la atención completa.

Recuerdo en ellas una luminosidad particular, como si de pronto un tazón de leche, cebada y miel hubiese cobrado cuerpo y hasta le caían cabellos de oro oscuro.

Había otros,

había espacio,

altura,

aire,

clima,

pero yo estaba aquí, en la sorpresa!

Porque a medida que hablaba ellas transmitían que habían encontrado lo que estaban buscando entender,

definir,

cerrar.