DESEANDO AMAR . Charlas después de la peli

Deseando amar · Wong Kar-wai

La película me pareció interesante. O sea, todas esas afirmaciones casi suspendidas sonaban interesantes al principio, pero después, cuando en la segunda mitad se hizo todavía más lenta, casi frisados los fotogramas, se me hizo un poco pesada.

Igualmente, me dio todo el tiempo del mundo para saborear lo otro, lo que sostiene por fuera de la trama de la película. Y ahí digo: pocas veces vi una filmación tan creativa, contemplativa, amorosa y hermosa.

Los planos, los colores, lo que dice a través de un cuadro, de una postura… ese juego de repetir o ver una escena desde diferentes ángulos, como dos posibilidades distintas. Todo eso sí me pareció fascinante.

 

…..Y a partir de ahí empezó esta charla.

 


La película que él quería hacer no era, en realidad, una historia de amor

Wong Kar-wai empezó con otra cosa completamente distinta. Hacia 1997 estaba pensando en una película compuesta por historias sobre inventos domésticos que habían modificado la vida cotidiana asiática: la arrocera eléctrica, los fideos instantáneos, las tiendas abiertas 24 horas. La parte ambientada en los años 60 iba a ser apenas uno de esos segmentos.

Pero esa historia empezó a crecer y terminó devorándose las demás.

Y lo que encontró ahí no fue tanto “dos personas casadas que se enamoran”, sino algo que a él le interesaba mucho más:

¿Qué condiciones hacen posible que dos personas entren en ese estado que llamamos enamoramiento?

Él mismo dijo que no le interesaba el aspecto sórdido del adulterio. Le interesaba descubrir cómo se produce ese mood, ese estado particular en el que dos personas comienzan a desplazarse una hacia la otra.

Eso cambia completamente la lectura.

Por eso filma lo que vos viste

No está usando una cámara hermosa para embellecer una historia sencilla.

La cámara es el mecanismo con el que estudia ese estado.

 

Cuando ella baja por los fideos.
Cuando él pasa.
Cuando vuelven a cruzarse.
Cuando aparece otra vez la misma música.

Vos dijiste algo muy preciso: “repetir o ver una escena desde diferentes ángulos, como dos posibilidades distintas”.

Wong explicó esa repetición desde la memoria: volvemos al mismo lugar, a la misma música, al mismo recorrido, pero cada repetición ya significa otra cosa. Para él, la memoria funciona justamente así.

Y eso explica también esa sensación extraña que seguramente tuviste algunas veces de:

“¿Esto está sucediendo ahora? ¿Ya sucedió? ¿Lo están imaginando? ¿Están ensayando lo que hicieron sus parejas?”

Porque deliberadamente empieza a borrar esas fronteras.

Cuando ellos representan cómo creen que comenzó la infidelidad de sus respectivos esposos, Wong estaba fascinado precisamente con eso: los engañados interpretando a los que engañan, hasta que representación y experiencia empiezan a contaminarse mutuamente.

Y después está esa cámara medio “indiscreta”

Esto me parece precioso.

Maggie Cheung contó que cuando finalmente vio la película se sorprendió. Durante el rodaje no había comprendido para qué Wong estaba usando ciertos ángulos. Después descubrió que producían la sensación de que nosotros mirábamos desde afuera, casi espiando a esas dos personas.

¡Eso es lo que vos estabas percibiendo!

La cámara mira:

desde detrás de una puerta,
a través de un espejo,
desde el fondo de un pasillo,
con una pared comiéndose medio cuadro.

No tenemos el lugar privilegiado del espectador cinematográfico convencional.

Somos casi el vecino que vio algo que quizá no debía ver.

Y esto tiene además una razón histórica. Wong llegó con su familia de Shanghái a Hong Kong en 1963 y recuerda aquellos departamentos compartidos: prácticamente no existía privacidad. Las paredes eran finas y todo el mundo sabía qué hacía el otro. Ese mundo espacial de la película proviene directamente de sus recuerdos infantiles.

Por eso ellos nunca consiguen un espacio propio. Se encuentran en escaleras, restaurantes, corredores, habitaciones prestadas. Siempre hay alguien potencialmente mirando.

Pero para mí, lo más hermoso de su decisión es otra cosa

Filmó incluso una escena sexual entre ellos.

Y la eliminó.

No porque no funcionara. Porque comprendió que si mostraba la consumación, convertía la película en la historia de una relación.

Y él había encontrado algo más interesante:

la película podía tratar sobre aquello que no ocurrió.

Veinticinco años después sigue diciendo que volvería a eliminar esa escena. Su formulación es extraordinaria: para él la película trata sobre la ausencia, y aquello que falta importa tanto como aquello que vemos.

Ahí entiendo muchísimo mejor el final que a ustedes les resultó tan interminable.

Porque Wong no quería llegar a “qué pasó finalmente con ellos”.

Quería que empezáramos a experimentar algo parecido a recordar algo que ya no existe.

Por eso en la última parte desaparece progresivamente la narración convencional. Hay lugares vacíos, tiempos que saltan, llegadas demasiado tarde, personas que estuvieron pero ya no están. La propia película comienza a convertirse en recuerdo.

Y el final en Angkor Wat lleva eso al extremo: algo existió, nadie más puede conocerlo completamente y queda depositado en algún sitio.

No es casual que inicialmente quisiera llamar a la película algo relacionado con Secrets —Secretos—. En una entrevista de 2000 decía que, más que sobre una aventura amorosa, era una película acerca de cómo las personas guardan secretos y de un mundo social que ya había desaparecido.

Y acá encuentro algo que explica tu reacción

Creo que vos viste perfectamente la película que él quería hacer, pero no necesariamente necesitabas permanecer dentro de su operación durante tanto tiempo.

Porque aquello que al principio descubriste con fascinación —el encuadre, la repetición, la suspensión, el fuera de campo, el gesto— es precisamente su lenguaje.

Pero Wong lleva su hipótesis hasta las últimas consecuencias.

No dice:

“Voy a contarles una historia sobre el recuerdo.”

Hace que durante dos horas la película empiece a comportarse como un recuerdo: incompleta, reiterativa, embellecida, fragmentaria, llena de cosas que no sabemos si sucedieron exactamente así.

Y ahí entiendo mucho mejor tu comentario: “al principio esas afirmaciones suspendidas sonaban interesantes y después se hizo demasiado”.

No estabas rechazando el lenguaje. Lo habías entendido tan pronto que después empezaste a sentir su insistencia.

Deseando amar