Lo que existe y lo que es
-¿Te parece que el el alma necesite explicaciones?
Alicia escuchó aquello frente a la gran garganta de agua. Con la llovia de la noche anterior sobre las sierras el rugido desobedecía cualquier sutileza. Bajaba sin disimulo, sin titubeo nada mas presente a como es. Una bruma taponaba esa cartografía que no llegaba a paisaje.
Nadie se atrevería en ese paraje a jugar a la adivinanza entre lo quieto y lo vertiginoso. ¿Como pueden los opuestos confundirse?
Alicia pensó: la vida que hoy vivo se parece a esto. Si tan solo pudiese recordar, ¿cual fue la lluvia en mi paisaje de anoche? ¿Cuando creció este musgo fresco tan bello en el que hoy me siento?
A menudo ella observaba con ojos de niña la vida, los sitios, las situaciones, los animales. Era justamente su mirada naif lo que la conectaba con un sentir arrobado y sorprendente.
La mañana estaba espectacular para fotear. Aunque el verdín mojado alertaba una posible caída libre, corrió el riesgo, buscó un ángulo interesante. La concentración se hizo carne a falta de arnés.
En eso estaba cuando la interrumpió su gato negro caminando sobre la espalda. Le cabeceó delicado, firme, insistente, hasta la nuca y se acomodó como si quisiera conocer el mundo con la perspectiva de Alicia.
Ella giró su cabeza y se topó con los bigotes de Morocco, rió con ganas. ¡Vaya que lo amaba!
Los pelos largos apelmazados por la humedad le daban un aspecto realmente gracioso. Morocco era pura acción en vez de palabra, razón valida para que Alicia lo tomase como su maestro nato, confiaba, admiraba, entre otras cosas, porque el derrochaba todo eso que a ella le costaba.
Así estuvieron los dos, con sus pupilas sostenidas por pura honestidad, sin necesidad de bruñir para descubrir belleza.
Ni el pestañeo, ni los reflejos sobre los ojos pudieron interrumpir.
Alicia creyó que se perdía contando los alfileres negros que pinchaban el amarillo pardo de sus ojos.
Agradeció que lo que EXISTE, fuese tan irrevocable, que no había necesidad de que permanezca o sea recordado.