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El rio Corrientes

El bote abría el agua con suma moderación, Alicia y Morocco iban en él, Alicia se preguntó si alguna vez perteneció a ese lugar. Sabe que ese río bordea de punta a punta esa tierra en donde nació pero de ninguna manera le resultaba familiar.

Chapotea ahí delante la pregunta, ¿Que significa pertenecer?

Cuando el silencio es la respuesta uno se deja abrazar por eso que hay y aca lo único que prometía abrazo seguro era el calor de diciembre sobre el Corrientes.

Coloquial,

contundente.

La canoa cumplía su función inequívoca, traza una línea, parte el curso en dos y así ya no hay ninguna pertenencia cuestionable.

El entorno chasqueaste,

los sauces rascando el agua,

el aire raro en su napia,

¡Cuanto talento el del litoral! Ese caldo vaporoso gestiona un futuro recuerdo musical muy preciso en la cabeza de Alicia.

¡raro todo, pero que deleite memorable!

Pidió al gato que detenga el bote, y alistó su cámara
-pero Alicia, no malgastes rollo.
-¡Tranquilo Moorocco, no hay rollo hay memoria!
-¿te parece que vale la pena? Son solo hojas muertas
Alicia -¿Y quién afirma qué hay pena? ¿Quién afirma que están muertas?
-ok lo que intento decir es que lo que de lejos parece a menudo cuando te acercas es. No entiendo cual es tu norte a la hora de tomar fotos.
Alicia -será que: ¿en algo estás marchito y lo estás tiñendo por acá? Yo creo que la existencia termina en el mismísimo momento en donde dejas de mirarlo en algún sentido.

Me interesa como el peso del tiempo se lleva consigo hacia abajo las comisuras, incluso las superficies cuajan mas hondo. Y los colores no compiten por ganar nuestra mirada, se vuelven conscientes de otra forma de presencia, y que lindo cuando eso pasa, me anima a dar otro auge a la vida y a la muerte.
-¿De quién heredaste esa tozudez?
Alicia -no hay rollo gato, hay memoria…

 

 

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