Las hebras

Las hebras

Mi hermana me pregunta: 

¿Hebras de qué materia creés que tejen tu corazón?

¡Qué gran diferencia! Esta pregunta abre un domingo distinto.

La saboreo, mientras me quedo en la línea de la sombra de mi perro,

Luego, la sombra de sus pelos, por grupos, como largas bolas apelmazadas. 

Luego, la sombra de sus pestañas mínimas como un respiro. 

Me chequea y vuelve a estirarse al sol, como un bodoque de lana rubia que alguien tuvo la gentileza de olvidar en mi casa.

Y entonces recuerdo que estaba en la pregunta: 

¿De qué horas estás hecho?

¿A quién chequeas Nora? Vi cómo no podías subir al escenario, como te arrancabas el peinado. Tus ojos recorrían cada intersticio con tanta desesperación y supimos que en medio de ese síntoma jamás encontrarías el nudo.

Cuando al fin subías, cuando al fin te plantabas en ese estrado era el único espacio, en donde ninguna aprobación era necesaria, ninguna turbulencia era capaz de acercarse.

Y yo testigo me pregunto:

¿Qué tan parecidas fuimos?

¿Acaso Nora, yo, mi perro, Juan… ? Es que se trata de tránsito y tiempo. El que cada uno quiera tenerse.

Me da pena Nora.

Y en esa pena mi vista continúa el pasa tiempo de las sombras. Las que están quietas, las que se mueven y cruzan por encima. Los preciosos destellos de esta mitad de mañana que se suman y ya no puedo distinguir dónde termina una y comienza otra. 

Bellas fibras,

Bellas fibras.