Sobre las realidades
Me gusta el peso del vaso contra mi pecho mientras el último trago, que ha tomado el fresco de la noche, hace lo suyo. No sé si quiero vencer mi propio récord de tontera, pero yo lo acompaño, sin saber explicar cuál es la lógica, razón, motivo o ímpetu que me incita. Cada primer momento intento saber por dónde va el agua. ¿En qué momento dejo de sentirla?
Y vaya, tantas cosas que hago nomás.
El parpadeo de las luces
Ahora que cierro los ojos y puedo estar en cualquier lado, quiero detenerme en este parpadeo de luces. Porque es curioso; lo he chequeado varias veces: la luz de la calle está justo detrás del pino más viejo, visiblemente artrósico. Apenas se mueve, como para avisar que no está muerto.
Y, sin embargo, ¡qué curioso! Tras la cortina suave de mis párpados hay una verdad completamente distinta, con otro ritmo, una verdad con otro tamaño. Los cruces y parpadeos oscilan con otra envergadura. Y me viene ahora la idea, o la pregunta: ¿Cuál es la verdad? ¿Esto lo cultivé yo? ¿Desde cuándo?
Las realidades del patio
Bueno, al fin y al cabo, no importa. En tal caso, tengo más de un mundo, puedo abrazar a más de una realidad. ¡Genial!
Tendré esto presente cuando mi vecina se niegue a podar su cerco y mi patio esté en sombras por ello; cuando me duela el cuerpo a la noche; cuando se me caiga el plato al trastabillar con la pelota de mi perro.